Cuando uno se emancipa del hogar familiar para ir a otra ciudad a estudiar o simplemente para independizarse todo parece maravilloso: hacer lo que a uno le plazca, intimidad, no dar explicaciones a nadie, etc. Pero no es oro todo lo que reluce, ya que tareas como cocinar para uno solo puede llevarnos más de un quebradero de cabeza al estar obligados a cumplir un presupuesto mensual y evitar comer mal o tirar comida a la basura.

Particularmente llevo ya cuatro años fuera de mi casa y la verdad que al principio no fue nada fácil: pasta a diario, huevos fritos, salchichas, patatas de bolsa, pechugas de pollo caducadas en el fondo de la nevera…Vamos, un desastre. Sin embargo, con el tiempo he ido ganando experiencia aprendiendo de mis errores y ahora soy un auténtico cocinitas. Y sí, hay que reconocer que disfruto entre ollas y sartenes.

¿Qué os recomiendo yo si os acabáis de emancipar o vivís solos?

  1. Planifícate la semana

Parece una tontería y da pereza a la primera de cambio, pero hacer una lista con el menú semanal te evitará imprevistos y ahorrarás dinero. Elabora una lista de qué vas a comer, haz inventario de lo que tienes en casa y finalmente escribe una lista con todo lo que tienes que comprar. Cuando llegues al supermercado evitarás así comprar cosas innecesarias o que ya tenías en casa.

  1. Comprar formatos pequeños no es siempre la mejor opción

En los supermercados están proliferando últimamente los formatos pequeños para la gente que vive sola. A primera vista son más baratos, pero si se mira el precio del kilo o litro del producto casi con total seguridad que es más caro a la larga. De esta forma, trata de comprar los productos no perecederos en grandes cantidades siempre que puedas y tengas espacio para almacenarlos. Con los que caducan pronto también lo puedes hacer siempre y cuando los congeles.

  1. Visita los mercados de toda la vida

Acudir a la carnicería o verdulería de barrio siempre tiene una ventaja, y es que el precio del kilo se mantiene generalmente si compramos 100 gramos o 10 kilos al ser la compra a granel. Ir al mercado te permitirá comprar exactamente lo que necesites y además te ahorrará trabajo, ya que a los carniceros por ejemplo les puedes pedir que te preparen la carne como tu quieras.

  1. ¿Vives con alguien? Túrnate para cocinar

Otra buena idea para los que no les gusta cocinar. Un día cocina uno asumiendo todos los gastos y otro al día siguiente asumiéndolos él. Esto te permitirá comer de vez en cuando de gratis.

  1. Cuidado con los productos perecederos 

Los productos que tienen fecha de caducidad próxima a la fecha de compra suelen ser los más caros y los que acaban, si no se pone remedio, apestando nuestra nevera. La mejor idea para que esto no ocurra nunca es comprar bolsitas para congelado y congelar toda la carne y pescado que no vayamos a consumir en raciones individuales. Así, en cuanto quieras utilizarlo solamente descongelarás lo que vayas a consumir. ¡Ah! Y si te sobra fruta siempre podrás trocearla y congelarla también en bolsitas individuales. Si la sacas del congelador y la bates fría con leche te saldrán unos batidos refrescantes y deliciosos.

  1. Los preparados congelados y de bote son tus aliados 

En el supermercado se pueden encontrar variedad de preparados de verduras congeladas que te pueden de servir como base para hacer un revuelto, o incluso arroz tres delicias que puedes saltear con salsa de soja. Además, hoy en día también hay muchísimos preparados envasados al vacío que sirven para cocinar otras cosas: tomate casero, sofrito de verduras, mazorquitas de maíz… y lo mejor de todo es que son cosas que suelen tardar muchísimo en caducar.

  1. Acompaña con una guarnición el plato principal 

A veces, si vamos tirando de sobras tenemos el temor de pensar que nos vamos a quedar con hambre si no queda suficiente comida. En estos casos, ten siempre en casa ingredientes para hacer puré de patatas (el preparado puede valer) o arroz largo para hacer arroz blanco. Son productos muy baratos y nutritivos que nunca deben faltar en la despensa porque en cualquier momento nos pueden hacer falta.

  1. ¿Pescado? ¡Mejor congelado! 

El pescado suele ser casi siempre lo más caro de la cesta de la compra y además lo que antes apesta en la nevera. Está claro que el pescado fresco no sabe igual que el congelado, pero comprarlo a -20ºC nos hará que nos resulte más barato evitando además la tan temida anisakis. Además, el pescado congelado es un producto que se congela en cuando sale del mar o piscifactoría, por lo que estará en óptimo estado una vez se descongele.

  1. Compra botes herméticos 

Son geniales para evitar bichos si vives en un sitio húmedo o si vas a utilizar un producto que usas de vez en cuando como puede ser la harina. Se conservará en las más óptimas condiciones y lo tendrás todo más organizado.

10.  Si vas a cocinar, cocina para una familia normal y no para uno solo

Actualmente hay un montón de libros de cocina con recetas para una sola persona, pero yo eso es algo que no recomiendo en absoluto. Lo mejor es cocinar para una familia normal (de cuatro a seis raciones) y congelar en tuppers con raciones individuales todo lo que nos sobra. La gente dice que hay cosas que no se pueden congelar, pero yo la verdad que lo congelo todo y no pasa nada. Lo único que no recomiendo congelar son cosas que lleven mayonesa, patata o pasta, ya que acaban con textura rara una vez descongeladas y recalentadas. La pasta lo que yo hago es congelar sólo la salsa (si hago por ejemplo boloñesa), aunque también tengo que decir que he congelado lasañas caseras y no ha pasado nada. Si seguís este método lo más barato y rápido es hacer guisos como por ejemplo lentejas, fabadas, cocido, etc.

Yo por ejemplo, hoy mismo he hecho una olla de lentejas en la que me han salido 6 raciones. Una vez hechas, lo he puesto todo en raciones individuales en tuppers y lo he dejado enfriar.

lentejas-1

Una vez frías, les pego un trocito de cinta de carrocero y escribo lo que son (para verlo más fácil en el congelador) y la fecha de congelación.

lentejas-baratas

A partir de ahí, sé que tengo tres meses para comérmelas. Tan solo hay que sacarlas del congelador, esperar a que se descongelen y, ¡calentar y listo!

¡Espero que estos consejos os sean de utilidad!